- Señores: la verdad del hombre- habla Mairena a sus alumnos de Retótica- empieza donde acaba su tontería. Pero la tontería del hombre es inagotable. Dicho de otro modo: el orador, nace; el poeta se hace con auxilio de los dioses.
También es necesario decir, que a útilizado la ironia como es habitual en sus escritos. En este caso menciona al poeta como auxilio de los dioses, cuando todos sabemos que eso lo hace el orador. El poeta nace.
- Nunca, nada, nadie. Tres palabras terribles; sobre todo la última. (Nadie es la personificación de la nada). El hombre, sin embargo, se encara con ellas, y acaba perdiéndoles el miedo... ¡Don Nadie! ¡Don José María Nadie! El excelentísimo señor don Nadie!. Conviene que os habituéis -habla Mairena a sus discípulos-a pesar en él y a imaginarlo. Como ejercicio poético no se me ocurre nada mejor. Hasta mañana.
Hay que decir que este fragmento me ha robado tiempo pues he estado reflexsionando sobre este tema y me han sugido varios problemas, ya que no lo entendia bien y utiliza un pensamiento algo diferente.
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